2009/12/19

Primer capítulo de "Los Derrotados": "María" cuarta parte


La cárcel, por fin, abrió sus puertas. María salió disparada, casi corriendo, antes de que se extendiera lo ocurrido en el polideportivo. Pero era tarde. Lo sabían.

- Con que eres atleta ¿eh?, - dijo Carla la pija anoréxica - yo pensaba que eras una debilucha.


- Sinceramente, no me interesa lo que pienses y dejes de pensar... ¿y sabes qué? La única debilucha, aquí eres tú. ¡Mírate! ¿No piensas comer o qué?

- Eres una...

María divisó a Frank, que se apoyaba en una esquina, esperando a su madre. Ella corrió hasta él, dejando a Carla hablando sola. Lo más gracioso de la situación, es que María no se había dado cuenta y Carla tampoco.

- Hola - dijo nada más llegar. Frank levantó la cabeza y la bajó sin mirarla.

- ¿Qué pasa?- dijo María.

- Nada.

- Sabes que puedes contármelo.

- ¡No ha pasado nada! - María le miró de reojo - Sí, ha pasado algo, algo increíble- continuó emocionado.

- ¿Y por qué no me lo cuentas?

- Veras, estaba en el baño cuando Claudio y sus perros vinieron a molestarme. Dijeron una cosa…-¿se lo piensa?- que no me gustó y me atreví a pegarle. Tiene un enorme chichón en la cabeza.

- ¿En serio?- dijo María asombrada. Yo también me asombré, nunca Frank había hecho una cosa parecida.

- Ves es solo intentarlo, ellos mucho ladrar pero no muerden. Y... ¿Cuál es el problema?- continuó María.

- Llamaron a mi madre.

- Si quieres yo le cuento lo que estaba pasando.

- Ya lo sabe.

- ¡Ah!

- Pero... ¿Podríamos quedar esta tarde para celebrarlo?


- ¡Ah! Me tengo que ir que se me escapa el transporte. Mira esta tarde estoy muy ocupada. ¡Lo siento! Podremos quedar otro día ¿Vale?- Mintió en lo segundo y en lo último, pero lo primero era verdad.

- Hasta mañana.

- Adiós.

María corrió hasta el autobús y entró con rapidez. Acogió el último asiento, se colocó los cascos y dirigió su mirada a la ventana, preguntándose qué le habría dicho Claudio a Frank que le hiciera llegar a esos extremos.

Uno a uno, los segundos pasaban, consumiéndose lentamente como las velas. Antojaba la tarde de fina lluvia, de oscura nube y de helante frío. La tarde ideal para leer y someter tus pensamientos a las páginas de un libro.

Ya eran las ocho de la tarde. Bajó las escaleras, dirigiéndose al sofá, que estaba en frente de la televisión del salón. Ese era el sitio donde había la mejor luz de toda la casa.

No había tabique que separara la cocina del salón, cosa que hacía más amplias las dos secciones de la casa. Las paredes estaban de un iluminado color canela, que daba un calor familiar. La cocina, blanca impoluta, rebosaba alegría, amor y limpieza. La atmosfera tenía un dulce olor a chocolate caliente y tortitas, de las que hacía su madre. De fondo se podía oír la canción My Way de Elvis Presley, que daba un toque emotivo a aquella estampa.


Sara revolvía el espeso chocolate del cazo con una cuchara de madera, tarareando la canción con un inglés básico. Su melena castaña caía en una brillante cascada a media espalda. Tenía un traje rosa claro, corto a la rodilla y un delantal blanco. Su piel blanquita, que descansaba sobre sus huesos, se podía ver suave y cálida. Creí durante un momento estar en una película de los años 70. Miles de recuerdos en esta cocina llegaron a mi mente.


Recordé cuando María tenía tan solo siete años. Cuando sus redondos ojos azules no destacaban con el fleco recto en su frente. Cuando su color favorito era el verde. Cuando quería ser vegetariana y trabajar con Greenpeace. Cuando sus ojos sabían llorar. 

- Mamá, ¿estás haciendo tortitas y chocolate?- preguntó María con una voz suave y cariñosa pero con una nota de tristeza.

-Sí.

Giró la cabeza para dirigir la mirada a María…

Pude ver sus labios mordisqueados y sus ojos, rojos y lilas por los llantos y el no dormir. Todo cambio en ese segundo. Entonces pude ver las pastillas, para dormir, antidepresivas, de la azúcar,… Sara había caído en una depresión desde aquello. 


María estiró las manos y su madre casi corrió a ellos. Abrazó a María con tanta fuerza, que casi la asfixia. Comenzó a lloriquear deseando lo indeseable. María, siempre fiel a sus principios, no expresó absolutamente nada.


Desde la última vez que vi a Sara, creó que ha bajado cinco kilos, más o menos. De eso no hace mucho. De repente un golpe seco las aturdió.

- Buenas tardes - Dijo el nuevo novio de su madre con un tono prepotente.- ¿Qué? Mimándola.

- Roberto ¡por Dios!- dijo Sara.

- No, es verdad, - dijo María - me está mimando ¿Te molesta?


Roberto era un tipo gordo siempre antipático y mandón, que estropeaba todos los momentos buenos. Se había adueñado de un territorio y una familia que no era suya, por la fuerza. María le odiaba a muerte, soportaba la idea de que su madre buscara refugio en otros hombres, pero no en ese. El solo traía problemas...

4 comentarios:

Betsaida! dijo...

Holitaa Désirée!
Ke tal las vacas?
Gracias por subir la última parte!! Me encanta está muy bien, me gusta much0o como describes a la madre de María, se ve una persona super simpática, cariñosa y divertida...
Pero el novio dela madre de María me cae un poko mal... jeje
chaitoo hasta enero!

Mª Désirée Rodríquez Quintana dijo...

Gracias Betsaida
Estoy muy bien, las aprobe todas. Je, je!!

Betsaidaaa dijo...

ke actriz es la ke sale en la foto?
es ke me suena la kara...

Désirée Rodríquez dijo...

No lo sé