2010/01/10

Segundo capítulo de "Los Derrotados": "No busques cartas de amor en mi taquilla" primera parte


Estaba sentada en su pupitre. Dibujando olas de aire y mareas verdes. Podía sentir el frescor del aire puro de la espesura. Podía ver las hojas de los árboles que no caían al suelo. Podía oír el aleteo de las mariposas que coloreaban el cielo. Podía oler el dulce aroma del pinar que lo perfumaba todo. Podía sentir la grandeza, el esplendor y la magnificencia de aquel lugar. Pensó dibujar a una persona, pero, al instante defenestró esa idea por la ventana.


Miró por el vano. La oscura nebulosa quitaba la luz a la calle, obligándola a quedarse dentro de esa cárcel… Su mente quería ausentarse por un momento y entrar en el dibujo de nuevo. Su mente quería ser lluvia por un rato y confundirse entre el fango. Su mente quería ser aire por un segundo y recorrer el esplendor verde. Su mente quería ser rosa por un instante y perfumar el éter.

Bajó de la ensoñación, con miedo. Su corazón latía con una fuerza frenética, incontrolable y salvaje como la marea tormentosa. Respiró hondo, e intentó controlarlo, relajarlo, calmarlo. Cinco segundos después, clasificó la causa por perdida.  Unos mechones de pelo la atormentaban. Introdujo los dedos entre los mechones de pelo de su frente hasta llegar a la nuca…En uno de los mechones noto un obstáculo húmedo y viscoso. No quiso saber que era. Sintió como el techo se le caía encima, como el aire se volvía pesado, y como una nube toxica la asfixiaba. Comenzó a caer suavemente en dirección al  suelo…

Sus ojos se abrieron bruscamente y con una inspiración profunda. Estaba acurrucada entre mantas y sábanas blancas, abrazando con fuerza su almohada. Se desprendió de las mantas suavemente y se sentó.

Miró la habitación. Las paredes eran de un lila claro, los muebles tenían decoraciones de hadas naranjas y negras. Había una calavera lapicero, una bola de cristal decorada con dragones y muchos, muchísimos dibujos de Victoria Frances y Tim Burton. La  habitación tenía una pequeñísima  ventana con barrotes, como los de las cárceles. Debajo de la ventana había como un ataúd negro con ojos amarillos, del tamaño de una almohada, era la cama del gatito de María, Neechee.


No sé, por qué le puso ese nombre. Era por un dibujo de una niña, Emily, creo que se llamaba. María me dijo que ese dibujo tenía un gato idéntico a éste.


Después de unos segundos hizo la conexión y soltó una dulce risita. Era obvio que soñara con eso ya que los monstruos no le producían algún miedo. Se levantó con rapidez, se sentía feliz sin motivo aparente. Se dirigió a la cocina, cogió un paquetito de galletas, y se fue abrumada hacía la ventana, que estaba al lado del televisor. Observó ese encumbramiento como si de una cría se tratase, llovía a cantaros, con truenos y relámpagos, oscureciendo el bosque que había detrás de la blanca casa.

Neechee apareció sigiloso. Era un gato pequeñito, de unos tres meses. Era totalmente negro, con unas rayas blancas en la cola y con los ojos azules. Tenía un collar rojo de tela escocesa, con un cascabel. Se dice que es el más rápido y obediente, y es verdad, era el único gato que he visto que hace completo caso a su dueño.


Cuando María se quiso dar cuenta el paquete de galletas, abierto a la mitad, se había quedado vació. Corrió hacía el baño, mas antes miró el reloj de la cocina –eran las cinco y media-. Tenía las intenciones de darse una ducha rápida y fría, para quitarse el sudor. Además quería arreglarse más de lo normal para matar el tiempo… 

...Pero, antes debía elegir que ponerse, ya que no le gustaba pasearse en bata por su casa. Cogió un vaquero, indispensable para ella, eligió entre un polo rojo o una camiseta negra con dibujos plateados –eligió la camiseta-, y finalmente cogió sus inseparables botas. Lo llevó al baño, y regreso para coger una bolsa en la que metió: un gel anti-puntos negros, una crema para la cara, una crema para contornos de ojo, una crema para contornos de labios, corrector de ojeras, corrector de acné, corrector blanco, base de maquillaje, maquillaje en polvo, lápiz de ojos, pintalabios carmesí, labial trasparente, una gama de sombras oscuras, y colorete rosáceo. Te preguntaras por qué lo sé perfectamente, pues porque lo leí. Sabía que María usaba muchos potingues pero no me imagine que tanto. Descolgó las toallas y corrió al baño.

Después de esperar y esperar apoyado en la puerta, María la abrió dejándome caer al suelo. Me levanté como pude, resintiendo mi trasero, ¿quién me mando a mí a ponerme ahí? Ella estaba vestida y, creó, que medio maquillada. Se pintó los ojos y los labios. Se puso las botas y salió del baño. Colocó las cosas en su sitio.

Neechee se paseaba por la casa como si de un fantasma fuera. Mirándome fijamente como si se riera de mí.
Más tarde, cuando el pelo de María dejó de estar húmedo, se lo cepillo. Cogió tan solo dos mechones delanteros y los puso atrás con dos trabitas. Registró su joyero y cogió: un collar y unos zarcillos chiquititos. Observe su mano, tenía ya puestos la pulsera de pinchos que siempre llevaba.


Cogió el horario de clases y miró las asignaturas: Lengua, Inglés, Francés, Matemáticas, Sociales y Ciencias. Colocó los libros, libretas, materiales en su pequeñita maleta y en su enorme carpeta.


Neechee, se restregó por las piernillas de María. Ella se dio cuenta de que todavía no había cepillado el pelo cortísimo del gatito. Lo cogió y le cepillo suavemente el lomo, Neechee ronroneaba feliz.


María miró otra vez el reloj, las siete menos veinte. Soltó a Neechee, corrió al armario, cogió un chubasquero rojo vino y un paraguas negro y rojo. Salió por patas de casa y se encasqueto en la parada del autobús.

Las chicas que también esperaban junto a María lloriqueaban “¡Mi pelo!” mientras la lluvia caía encima de ellas. Ella fue lista, otra vez, con su paraguas no se mojaría y además podía presumir de pelo liso natural.

El transporte llegó. María subió la primera y se sentó al final, al lado de la ventana, de su ventana...

- Buenos días - dijo la profesora de lengua.

¡Oh! ¡Qué recuerdos! Ella, también me había dado clases a mí. Era una profesora buenísima, nunca se enfadaba. Era alta delgada y con el pelo castaño.

María abrió el libro de segundo por la página 135. En grande y azul se podía ver “Los recursos estilísticos”.
Cada uno leyó un recurso y la señorita los explicó. Hasta que le tocó a María leer la definición.

- Calambur: Juego de palabras que consiste en formar una nueva expresión aprovechando las sílabas de otras palabras.

«Dicho así sonaba a lengua muerta» María dio un sobresalto pero continuó hablando:

- ¿Leo el ejemplo?

- Sí – dijo la señorita.

- ¿Son los vizcondes unos condes bizcos?

«¡Je, je, je! ¡Qué bueno! Ahora me inundó la ironía. Se me ocurrió decir: “Señorita, mi vida es una hipérbole”. Por supuesto no lo dije, no soy tan tonto.»

María asombrada por lo que estaba oyendo, miró disimuladamente a todos lados. ¿Quién era el friki que decía eso?, ¿habían pactado para hacerle una broma?, ¿dónde están las cámaras? Sigo sin saber a quién se refiere.

4 comentarios:

Taylor Brook dijo...

Wuooojoooo!! xD Lo estaba deseando leer...¬¬ pero me ha dejado con más dudas de las que ya tenía antes.
Ya te dije los fallos jejeje Ahora sólo falta esperar que subas la segunda parte :O

ChicaGuau dijo...

Increíble :)
¿No hay más?
Un beso ^^

Betsaida dijo...

olaaaaaaaaaaaaa
me encanta esta parte!!!
es la mejor ke as escrito, me gusta mucho el principio cuando maria tuvo el sueño

Rose Darling dijo...

El libro de lengua lo tengo yo, y tambien pone ese ejemplo..xD
Me hago seguidora.=)