2010/02/09

Segundo capítulo de "Los Derrotados": "No busques cartas de amor en mi taquilla" tercera parte

Continuó hasta su taquilla, caminando con la cabeza un poco caída. No había nadie, absolutamente nadie; solo sus ojos azules y las cientos de taquillas metálicas. Se acercó a la suya, la 241, la tétrica taquilla 241.

Se acercó a la cerradura, miró de un lado a otro, puso la mano encima, giró la ruedita; 2-7-3-8-4-9 y la abrió de un portazo. De repente, sin venir a cuento, un papelito cayó de ella suavemente al suelo.

María extrañadísima lo cogió, pero antes miró a todos lados. ¿Sería una broma? Seguro que es una estupidez, aún así, la abrió con muy mala gana.

Hola:
Sé que no me reconoces, pero llevo colado por ti desde que te conozco. Me gustaría que saliéramos, pero creo que tú me odias. Sueño contigo, pero creo que eso no te importa ni lo más mínimo.

PD: Te quiero

A María solo se le ocurría decir una cosa:

- ¡Qué coño!

Y que cosa. ¡Dios mío! María no solía decir palabrotas, es más las palabras no brotaban de su boca. Te lo digo en serio, no pienses que ella es una malcriada.

Pero yendo a lo importante, ¿quién la habría escrito?, ¿Frank?, ¿el chico de primero?, ¿algún graciosillo? Y lo más importante, ¿Para qué? María que de estos asuntos no se interesaba, aunque le picaba a la curiosidad, continuó con lo que pretendía hacer. Miró su taquilla. En la puerta tenía pegado un espejo en forma de rombo, con decoraciones como de humo negro espectral. Dentro, como todas las taquillas; además fotos de Eduardo Manostijeras, y una telaraña falsa para asustar a los entrometidos; habían libros, muchos libros.

Miró su pequeñísima maleta de Jack Skeleton y sacó su agenda de Victoria Francés, era una mano muy blanca sujetando una rosa muy negra. La abrió y miró el horario de mañana: Sociales, inglés, Francés, lengua, tecnología y música. Aún así, solo tenían las tres primeras horas.

Comenzó a meter libros en la maleta de cuero, introdujo las decoraciones de su taquilla en su carpeta, enrolló la tela de araña y la puso en un bolsillo externo de la mochila; cogió los lápices, carboncillos, reglas. A María nunca le había gustado usar rotuladores, estropeaban el papel, era imposible crear sombras o difuminar.

Siguió cogiendo cosas: un cartabón, unas tijeras, un… oso de peluche marrón. ¿Un oso de peluche? Estaba pegajoso y olía muy mal. ¡Puag, que peste! Olía como a… ¿zumo de naranja? ¿De dónde demonios había salido el zumo de naranja?

¡Beep, beep! ¡Alerta! SMS de su madre.


Hoy vamos a comer en casa

María todavía no se había dado cuenta del pringoso objeto que sostenía en la mano. Introdujo el móvil en la maleta. Sintió una gota que caía por su mano, lentamente giró la cabeza. Lo vi como en las películas, a cámara lenta. Esa cara nunca la olvidaré, una mezcla entre asco, miedo y…


Jeniffer pasó por allí, con el mismo contoneo que la otra vez; pero acompañada por dos novatas. «Y María se prepara para meter canasta y… TRIPLE de María Zerlumpt» Yo siempre he sabido que iba para comentarista deportivo.



El pelo de Jeniffer se convirtió en una maraña pegajosa, aceitosa y con olor a naranja podrida, de esas que no se quita en una semana. Las chicas empezaron a correr en dirección al baño, chillando, lloriqueando y maldiciendo. Bajaron la escalera, dejando completamente sola a María. Ella siempre había estado sola.

Cuando había recogido hasta la última mota de polvo de su taquilla. Sintió un dolor, un dolor punzante en su estómago. Era como si le hubieran clavado dos estacas al final de su vientre y se las dejaran allí clavadas, como si le hubiera dado un calambre en medio del mar y no pudiera pararlo de ningún modo, como si le picara con un sacho, como si el mundo se parara y sólo su dolor fuera lo que existiera.

Se cayó de rodillas, el dolor la derribó. Apoyó su cabeza en su taquilla alargada. Jadeaba, y jadeaba, y jadeaba. Quería pedir ayuda, pero no había nadie, tampoco creo que la fueran a ayudar. Su piel empezó a cambiar de color a un amarillo claro, estaba mareada.

Quise ayudarla, pero no sabía cómo. Corrí a la escalera, sin perderla de vista y empecé a chillar. « ¡Qué alguien llame a un profesor, por favor! ¡María está mal, está muy pálida! ¡Por dios hagan algo» Todos los alumnos, seguían desesperadamente comiéndose sus donuts rellenos de chocolate grasiento.
En ese momento, una profesora pasó por delante de las escaleras. Decidí chillar más fuerte « ¡Señorita por favor, ayúdela!» Aún así la profesora pasó de largo.

¿Alguna vez haz sentido que nadie te escucha? Así es como me sentía yo, hundido en mi miseria. Entonces sentí que debía mirar a María, preguntarle qué le pasa. Hice memoria de las técnicas de auxilio: si está mareada se debe abanicar, acostar en el suelo y echar agua. Me acerqué a ella y me senté a su lado. « ¿María, qué te pasa? ¿Qué tienes? ¿Dímelo?», Ella no me respondió.

Miré sus manos, dos de sus largas uñas se habían partido por la caída, pero lo que más me preocupaba era esa tiritona. Sus ojos, miraban a un lugar desconocido para mí; sus labios temblaban como si tuviera frío; su mano derecha apretaba el final de su abdomen. Le toqué la mano izquierda, quería que volviera en sí, que fuera ella y no un tétrico temblor.

De repente María se sobresaltó. Puso su espalda recta y apoyó las dos manos en el suelo. Insistió en levantarse tres o cuatro veces, hasta que lo consiguió. Cerró la taquilla y bajó las escaleras con rapidez.
Cada escalón que descendía hacía que su abdomen se resintiera, se quejara en silencio. Ella odiaba esa sensación. Decidió ir más rápido.

¡Dios mío que bueno está!

«¡Ey! ¿Quién había dicho eso?». María estaba asombrada, la que había dicho “eso” era la profesora de economía. Siguió por su camino, haciéndose paso entre la muchedumbre adolescente, preadolescente y en ocasiones adulta.

Me encanta el pelo de María.

Voy a suspender

Me gusta Óscar

Creo que estoy embarazada

Pasó por delante de Frank. Estaba sentado en el suelo, comiéndose un bocadillo. María se paró en seco, en medio de la muchedumbre que intentaba salir del instituto.


Vio a Frank saliendo del baño, dirigiéndose al lavamanos. Cogió jabón y empezó a restregarse las manos debajo del chorro de agua. Oyó un ruido... un portazo.


- ¡Cuánto tiempo Frank! - dijo Claudio

Frank estaba asqueado... porque Claudio le estaba tocando el hombro, sin haberse lavado las manos.

- ¿Qué tal estás Frank?- Frank seguía asqueado porque Claudio seguía con la mano en su hombro sin habérselas lavado.

Frank continuó sin decir palabra, por tanto Claudio pasó de él. Se dirigió a su amigo Luis:

- ¿Te has fijado en lo que lleva puesto María hoy?


- Sí

- ¿Qué lleva?

- Lleva una minifalda cortita, cortita - contestó con un tono pervertido

- ¡Uf! Me la follaría ahora mismo

Frank sentía entre repulsión y asombro. ¿Cómo se puede ser tan...? Frank puso cara de asco, demostrando que estaba enamorado de María. Claudio se percató de esa mirada.

- ¡Te molesta que hablemos de ella! Es una tía igual que todas, solo sirven para... - Claudio hizo gestos subiditos de tono.

A Frank esto le reventaba. Sintió calor, un calor que bajaba por su espalda, que recorría todo su cuerpo. Un impulso salió de su interior, expulsado por el puño, escachando literalmente la nariz de Claudio.

María bajó de ese lapsus, de ese instante de sugestión. Miró fijamente a Frank, él seguía mirando una libreta en blanco. María estaba asombrada y asustada. ¿Qué era todo esto?

Entonces recordó a su hermano. Él no era muy normal, era popular y todo eso; pero tenía algo especial, algo que no tenía nadie, algo que nadie querría tener.

Puede sonar a película de ficción. Pero no es así, era tan real como la vida misma; toda la familia lo ha sufrido. La familia siempre había ocultado muchos secretos, no quería que le pasara lo de su padre.
Eso era lo que pensaba María. Pero, era imposible, sólo los tenía los hombres. Entonces ¿qué era lo que estaba pasando?

Dejó de atormentarse y continuó en dirección al baño. Y allí estaba Claudio, como si fuera un portero de discoteca. La miró con incomodidad, ocultaba algo.

¿Abra leído la carta?


¡Qué Claudio había sido el que escribió la carta! María quería huir de esa mirada tan asustadiza, se metió corriendo en el baño de chicas y…«Yo no puedo entrar». Aún así, descubrí qué era su dolor. Era nada más y nada menos que su primera menstruación. La pequeña María, de 14 años se había hecho mujer, ¡madre mía!

21 comentarios:

Taylor Brook dijo...

LA verdad... me imaginaba a María más "mayor" xD Cuadno me dijiste la edad me quedé ._. ··· Ejem... xD

Hay unas cuantas faltas eh¬¬ "estomago" con tilde, "calló" es con "y"... xD

Algún detalle de comas sobrantes y carencia de puntos. Pero por lo demás está bien.

;) Ya se va sabiendo un poco más de la chiquilla jeje

Únicamente, podrías darle aún más dinamismo, más vida, más expresión...^^

Betsaida dijo...

Estoy de acuerdo con Taylor Brook yo tambien me imaginaba a María un poco mas mayor. Pero está muy bien, me has resuelto algunas dudas. Y lo de la telequinesia y leer la mente parece una copiada de los protegidos, pero no importa está guay... No sé pero me da la sesación de que el protagonista es Claudio...bueno ya lo iremos descubriendo
gracias désirée

Betsaida dijo...

lo siento protagonista no "narrador"

Nerea dijo...

Respecto a que Claudio es el narrador, creo que no porque el narrador habla de Claudio en tercera persona (fijate en el antepenúltimo párrafo 1ª y 2ª linea)

Y otra cosa xD Desirée lo de leer la mente ya lo tenia pensado desde que empezo a escribir la historia (es decir antes de que empezaran a echar los protegido)

SINCERAMENTE ESTA ES MI PARTE FAVORITA, NO SE POR QUE PERO ME ENCANTA.

Désirée Rodríguez dijo...

La verdad es que esta historia tiene más de dos años. Pero como escritora y sabedora de toda la historia, os aconsejo que no saqueis comparaciones porque os liareis

Betsaida dijo...

Seguidores, no he dicho que Désirée se haya copiado simplemente al leerlo me acordé de la serie.

Désirée Rodríguez dijo...

Ya, claro, claro. Pero, os digo que no busqueis similitudes porque la historia se parece primero a una cosa y después a otra. Es mejor seguir el curso de la historia e intentar descifrar las cosas ocultas antes de que las diga.

Betsaida dijo...

Si lo dices por mí Désirée quiero que quede claro que no he buscado similitudes, simplemente es un recuerdo.
Pero de todas formas Désirée gracias por la información.

Désirée Rodríguez dijo...

Betsaida no lo digo a mal ni a enfado. Solo es una recomendación.

Betsaida dijo...

Ni yo tampoco Désirée. Es que quiero que quede claro y que no me tomen por loca.

Désirée Rodríguez dijo...

jejeje, no, loca, no

Betsaida dijo...

jajaja, eh?, a, vale, a

Désirée Rodríguez dijo...

Ey!! esto parece el tuenti!!!

Betsaida dijo...

siii! es mi segundo tuenti
jeje

Désirée Rodríguez dijo...

Ey!! un poquito de seriedad!!!

Betsaida dijo...

vale como usted mande escritora!

Désirée Rodríguez dijo...

Faltaba más!!! jeje

Nerea dijo...

Yo tampoco pensé que dijeras que era una copia, pero algunas personas que lo lean si pueden pensarlo por eso lo deje claro nada mas. Jeje besos

Betsaida dijo...

okis Nere jeje

Anónimo dijo...

Esta bastante bien.... Sigue escribiendo así..:)

Maider Escriitora dijo...

Bua! Que buenos capitulos!