2010/04/11

Tercer capítulo de "Los Derrotados": "Asfaltando charcos de barro" primera parte


Ahora mismo estoy en la cafetería, mirando como un rubio estirado intenta ligar con la inocente María y preguntándome por qué me sentía así de… extraño. Ella llevaba callada más de cinco minutos escuchando, o eso parece, al idiota de Héctor: "Hago surf todos los días, una agencia quiere que promocione bañadores, Bla Bla Bla".

Miré la cafetería intentando despejarme de aquel monólogo tan superficial, egocéntrico y ridículo. Solo había tres mesas de plástico con cuatro sillas cada una. Todas amarillas, todas de plástico. De las paredes colgaban un par de carteles sobre la buena forma de alimentación: fruta, verduras y lácteos, justamente lo que no había aquí. Las baldosas del suelo eran grises como las de todo el centro. El mostrador era un enorme plástico duro al que solo María, Frank, Héctor y yo alcanzábamos de puntillas.

Este lugar era el refugio de los adolescentes de este instituto; tenía casi la misma función que los que hacía con mis amigos para escondernos de los abusones y de las chicas, de todas menos de María que siempre tenía las puertas abiertas. Este sitio era exactamente eso, pero para María no lo era. Su hermano, Jonathan solía venir aquí a tomar su bocadillo con Frank y a esconderse de los problemas oyendo los múltiples y espontáneos chistes de Jordi, el dueño de la cafetería.

- ¿En qué piensas? - Dijo Héctor

- En mi hermano

- ¿Sí? - Preguntó él con fingida tristeza.

- Sí,- dijo María serenamente- me estoy acordando de cuando él venía a comer aquí con mi primo Frank

Un segundo después noté como el ruido ensordecedor y contagioso de la juventud se acercaba en todas direcciones. « ¿Qué hora es?» dije alarmado.

- ¿Qué hora es? - dijo María como si me pudiera oír

- Las dos menos cinco - contestó Jordi mientras recogía el envoltorio del Donut que se había comido Héctor

«¡Dios mío, qué tarde es!» No pude evitar decir. Como de por arte de magia María repitió lo mismo que dije con el mismo énfasis, además se giró en todas direcciones buscando desesperada algo.


- ¿Qué buscas? - dijo Héctor


- Mi maleta.

- Está en el banco donde nos sentamos antes. - Héctor bajó un poco el tono de voz- Bueno, me tengo que ir. Nos vemos por la tarde.


-Eh, vale.

Héctor salió por la puerta que daba al pabellón juntándose con su pandilla, en la que figuraba Claudio y Pablo. Mientras, María a toda prisa salió hacía al pasillo cuando de repente vio...

...todos sus lápices tirados por todo el suelo, sus libros rayados y deshojados, las reglas partidas, la tela de araña colgando en el tubo fluorescente y el espejo de su taquilla roto en mil pedazos. María no pudo evitar sacar los ojos de las órbitas. La señora de la limpieza salió de la habitación contigua a la cafetería -el cuarto de la limpieza-, cuando la mujer vio lo sucedido no pudo reprimir un gemido audible a kilómetros.

- ¿Qué ha pasado? - giró la mirada a María, a sabiendas que esos objetos no podían ser de otra persona. Ella quiso chillarle pero antes meditó cinco segundos: era imposible que esa chica tan amable aunque extraña pudiera romper sus cosas solo para molestarla - ¿Y quién te ha hecho esto?

La multitud que se había hecho a sus alrededores se fue disipando, « ¿Quién iba a ser tan tonto como para llevarse una bronca gratuita?»

María herida, o eso creo, se arrodillo justo delante de su blog de notas de Victoria Francés, observó la mano que antiguamente sujetaba una rosa, ahora sujetaba un pene. Esa agenda era exclusiva; no porque no hubiera más, habían miles, estaba firmada por Victoria junto con una dedicatoria, además en su interior portaba la inmensa lista de libros (ordenados por año, fama, autor y género) que pretendía leerse en verano y los teléfonos de los familiares, amigos y compañeros que ella había tenido en todas su vida. Pero lo más importante de todo era: ¿qué, cuándo y quién se la había regalado?


Recordó a su hermano entregándosela ese 19 de junio en el que María cumplía sus 10 añitos, durante los dos años anteriores ella había experimentado una obsesión por aquellos fantásticos dibujos. Una semana antes Jonathan había ido de viaje a Alemania, un lugar donde el género gótico estaba muy presente en sus calles, para practicar alemán. Casi de casualidad se había encontrado con una librería de una arquitectura que imitaba los monasterios de la Edad Media. Por fuera se podía ver un cartel de un hombre inclinado hacia delante, con la camiseta ensangrentada, tocando el violín y rodeado por velas; por encima del hombro de ese hombre se podía leer “Fávole: Light Eisige”, no pudo evitar acordarse de María haciendo el puzzle de esa misma imagen. Se adentró en la librería atraído por el recuerdo de su hermana pequeña, era eso o la curiosidad por saber qué era lo que pasaba por su mente. Miró los miles de objetos de la colección de “Fávole: Gélida Luz” y se decantó por un bolso en particular, en el dibujo salía una chica de pelo azafrán corriendo por un bosque con un vestido de novia, dirigió la mirada al precio… automáticamente lo colocó en su sitio de la estantería. Eligió de las libretitas la más barata, pero seguía siendo cara para tener las páginas totalmente en blanco. Se puso en una cola enorme que parecía ser la del supermercado, a medida que se iba acercando, se dio cuenta que, en realidad era la entrega de firmas de Victoria Francés. Jonathan en un alemán casi de rottwailer dijo:


-Für meine Schwester-(Para mi hermana) dijo Jonathan


Ella que se percató que no era un libro de la nueva colección, sino un notebook y se echo a reír. Él empezó a sonrojarse mientras que una vocecita en su cabeza le decía  « ¡Sal, sal!, ¡sal de ahí!, ¡sal corriendo!». Victoria se dio cuenta de que el chico llevaba un diccionario español –alemán con la mayoría de las cosas escritas en español-, también se fijó en sus pintas: pantalones vaqueros, blusa de 50 cent y una carpeta llena de papeles. Estaba claro que no entendía del tema. Ella firmó la agenda escribiendo en español: “Para que dibujes, escribas y garabatees tu vida. Con cariño de Victoria Francés”

- ¿Cómo se llama tu hermana?- Preguntó ella, a él le quedo claro que era española

- María

Victoria escribió debajo de la dedicatoria “Para María con besos de hada”. Posteriormente lo cerró y se lo entregó a Jonathan con una amplia sonrisa.

- ¿De dónde eres?

- De Canarias


María cogió la agenda deshojada y la metió en la maleta con las manos temblorosas. Cogió las pequeñas imágenes que decoraban su taquilla, se acordó de la noche en que su madre y Roberto fueron a una cena de empresa, ella se paso toda la noche buscando fotos chulas para un mural para Halloween e ignorando los ruiditos que salían de la habitación de su hermano; metió los lápices, reglas rotas, los que tuvo que ir a comprar ella sola por culpa de la ausencia de su hermano; su bolígrafo de skelanimal y hojas sueltas sin meterlos en el estuche, cogió su maquillaje esparcido por todos lados. Algunos de los potingues estaban rotos, los cogió con cuidado y los tiró en la basura. La señora de la limpieza al ver ese afán tan deprimente de María por ahorrarle trabajo sin tener culpa de nada, la ayudo cogiendo los cristales de la base de maquillaje y los trocitos de espejo. María quiso llorar y chillar a los mirones del espectáculo que pretendía ser una humillación aunque parecía más un funeral. La señora de la limpieza miró el reloj.


- Niña, se te va a escapar la guagua, deja esto aquí yo lo recojo y te lo doy mañana

- No, iré caminando

- Querida, es mucho camino


- No te preocupes

Los espectadores salieron corriendo en busca de sus autobuses perdidos. María casi había terminado de recogerlo todo, cuando vi una de las hojas de la inmensa lista de libros que se quería leer en el verano, o eso creo. Sabía que si intentaba moverla solo conseguiría que María y la señora de la limpieza pensaran que hace un poco de fresco.

De repente el papel empezó a arrugarse como si alguien estuviera aplastándolo y haciendo una bola con él. Sabía, perfectamente, que yo no era visible para nadie ahora, aún así. ¿Quién es ese, que tampoco puedo ver yo?

María giró la cabeza sorprendida por lo que estaba oyendo, era imposible que fuese la señora de la limpieza. Unos segundos más tarde, el papel hecho bola se fue acercando a ella, hasta rozarle el tobillo. María se agachó y lo abrió, era un dibujo hecho en carboncillo de una piedra en el mar en el que se apoyaba unos dedos. El corazón de María dio un brinco en su pecho colocándose en la tráquea, ahogándola, asfixiándola. Aplanó el dibujo lo más que pudo y lo metió en su carpeta de Victoria Francés, era blanca con la cara de una mujer llorando sangre.


Introdujo el dibujo como si fuera un arma letal para la humanidad y solo la carpeta pudiera impedir ese peligro. Cogió la maleta y miró el compartimento secreto en el cual el móvil y el iPod estaban escondidos y protegidos de los golpes. Comprobó que estaban y volvió a cerrarlo. Se puso la mochila a la espalda y se despidió de la señora de la limpieza que seguía limpiando fuertemente el piso con el líquido quita maquillaje y con lejía. 

6 comentarios:

Désirée Rodríguez dijo...

Para los que no lo sepa, GUAGUA en canarias significa bus. Se que para los latinos significa bebe, y para los peninsulare es una palabra desconocida.

Espero que les guste y no tengan miedo a decirme lo que no les gusta o lo que no entiendan o tenga mal

besos ^^

Betsaida dijo...

No entiendo lo del papel, pero por lo demas todo muy bien

istimeofus dijo...

me gusta esta historia la verdad!! :D
espero que sigas escribiendo! y gracias por pasarte por el blog, yo también te sigo!

xxx!

Primavera Anticipada dijo...

que kires k te diga¿?
la verdad es k me as dejado sin palabrass!!!!!=)me encanta tu historia=)y sigue asi=D

verdepastilla. dijo...

Tu blog es genial.
Amo dos de las canciones de tu reproductor (dakota y creep *_*)
No tengo más remedio que seguirte :)
Besos!

maria dijo...

me inspiras a querer escribir más y mejor