2010/05/27

Tercer capítulo de "Los Derrotados": "Asfaltando charcos de barro" segunda parte


Salió por aquella puerta, de aquel lugar, de aquel infierno. Divisó a lo lejos el autobús que parecía esperarla. Pensó durante tres microsegundos: “Y si me doy prisa y así no tendré que ir caminando”. Comenzó a andar a toda velocidad, casi como si fuera a hacer los cien metros lisos caminando con unas botas de cuero de demonia gravel 14. La maleta se zarandeaba en el hombro de María como si quisiera andar ella por sí misma.


Llegó hasta el coche azul, que era el primero de la hilera de vehículos al lado de la acera. Se alejó del verde, del rojo y del amarillo. Hasta llegar al negro, el penúltimo de la fila, cuando el bus arrancó dejándola con la lengua afuera. María bajó los hombros y dejó escapar un suspiro exagerado y cansado.

Entonces comenzó a sonar un solo de batería que marcaba un ritmo punk rockero:

“Do you know the enemy?
Do you know your enemy?
Well, know the enemy”

Era Know Your Enemy de Green Day, es decir: el móvil. Puso la maleta en el suelo y comenzó a remover los papeles, lápices y maquillaje buscando el compartimento secreto. Pude ver el forro negro de la maleta y descubrí en donde estaba. Normalmente todos los bolsos en la cara interior por dentro tienen un pequeño bolsillo tamaño paquete de clínex y anchura de uno solo, pues resulta que María había rajado el fondo del pequeño bolsillo y cosido uno nuevo entre el forro y la tela del bolso con un forro especial parecido al de los portátiles. Además para disimularlo había puesto en el fondo del primer bolsillo una cremallera negra, la cual apenas se veía.

- Diga – dijo María

Automáticamente al otro lado del teléfono alguien colgó sin expresar absolutamente nada, «¡Pero bueno! ¿A qué imbécil se le ocurre llamar y colgar cuando lo coges?» María miró la lista de llamadas recibidas y descubrió que su madre era la que la había llamado; pero por qué, para qué.

Sorprendida, marcó su número. Sonó el primer pitido, el segundo, el tercero y... "el número al que llama está apagado o fuera de cobertura" dijo la listilla del teléfono. Seguro que su madre se había quedado sin batería.

María aprovechó que su bolsillo secreto estaba abierto para sacar el iPod y guardar el móvil. Cerró todas las cremalleras, se colgó la maleta al hombro, estiró el brazo donde sostenía la carpeta de Victoria Francés y se puso los auriculares. Miré por encima de su hombro y pude observar que el aparato contenía ochocientas noventa y ocho canciones. Registró la carpeta que decía Good Charlotte y puso Ghost of You.


Comenzó a caminar hacía casa, total solo era como recorrerse la Gran Vía, ida y vuelta, sin comer, con un sol abrasador y con peligro de llegar…, o más bien de no llegar. Las aceras en Canarias, o por lo menos en Gran Canaria, era como mucho de trece centímetros, por lo tanto se tenía que caminar de lado como los cangrejos. Recuerdo una charla que nos dieron en el instituto sobre el medio ambiente, me acuerdo de la chica que exponía, supongo que tendría veintipocos, con media melena, una rasta larga hasta la cintura y unas pintas de hippie impresionante. Recuerdo que la exposición hablaba sobre ecología, como no, pero sobre todo de las carreteras: “¿Por dónde van los ciclistas? Pues por la acera llevándose a la gente por delante o por la carretera siendo llevados por delante”. No digo que no tenga razón, digo que se quedó corta. Continué recordando sus palabras: “Sabían que las carreteras de Canarias son equivalentes a la longitud de la Tierra”. En ese momento hubo un “Ñosh” colectivo.

De repente me dio por bajar de mi ensoñación y mirar a María. « María, ¿dónde está María?». La divisé a ocho metros, «¡Tanto caminó en unos segundos!». La seguí a toda velocidad y comencé a oír la canción que escuchaba. ¿Cómo, si ella la está oyendo con los auriculares?

Utilicé mi gran poder para los idiomas, «¡Qué sí, que soy bueno en idiomas! ¡Agh! ¿Por qué lo dudas? ¡Siempre igual!». Hablaba de un fantasma de ti, que si veía su aliento en el frío del aire que respira…, y no sé qué más. « ¡Ves! Soy bueno».

Miré al cielo y me pregunté si era yo el que se estaba volviendo loco. Las nubes comenzaron a unirse poco a poco, cambiando su color blanco puro a negro tizne. Observé por dónde íbamos, por suerte habíamos salido del pueblo, por donde comienza la carretera ondulada que unía Escaleritas con Bañaderos.
La carretera estaba casi recién asfaltada y pintada. Por esta zona la acera era el muro. El muro, no quería destacar entre las aceras, medía, supongo, 11 cm de anchura, en algunas partes estaba derrumbado y, para hacer más emocionante el trayecto, la zona derecha al lado del muro tenía tres metros de bajada sin escalera y con contenedores de hierro oxidado para evitar golpes. «Por supuesto, es ironía».

Casi todas las carreteras eran así, pero con falta de asfaltarlas. Una vez Manolo Vieira, un humorista canario, lo vi de lejos en el anterior colegio en el que estuve –uno privado, de un pijo pasable y de estructura al aire libre-. Por aquel entonces yo era un pollaboba, es decir un bobito de once años. Durante toda mi vida me he quedado pensando que hubiera pasado si le hubiera pedido el autógrafo.


A lo que iba. Según él, y con toda la razón del mundo, las típicas películas americanas en las que sale una persecución, serían imposibles de hacer aquí. ¿Qué por qué? Pues porque se mandan por el risco en la primera curva, es decir, se la comen con papas.


María siguió su camino hasta llegar a su barrio. Yo hacía minutos que había desconectado, aunque seguía oyendo la música del ipod de María. Después de oír la canción de Good Charlotte, puso Devuélveme a mi chica de los Hombres G y finalmente volvió a poner Ghost of you.


Las nubes habían convertido el soleado y sofocante día en una noche fría y con intensiones de lluvia. Ella tenía buen olfato para eso. Que yo sepa, nunca la había pillado la lluvia sin paraguas, el calor sin crema solar y…, aquí no nieva.

De repente, su estómago hizo uso de presencia. Casi con palabras dictaba un “paaan” y gruñidos. El estómago de María era así, insaciable, casi con vida propia.

Se colocó su chubasquero rojo vino, que había mantenido en su mano todo el tiempo, y se colocó la capucha. Luego abrió el paraguas rojo y negro y... calló una tromba de agua de Ave María Purísima en solo tres segundos.

Yo, como claro estaba, me estaba calando hasta los huesos. Intenté colarme en el espacio del paraguas que no ocupaba María. «María, hazme un huequecito, por favor». Ni se inmutó. Cogí el palo del paraguas para poder acercarme.


- ¡Vaya, qué viento hace!- dijo.

9 comentarios:

Betsaida! dijo...

muy bienn Désirée!! ya nos falta poco para averiguar quien es el narrador de la historia...=)

SABRINA dijo...

Hola!!

Muy lindo blog!!
Hoy: Estoy deprimida, quiero chocolates.
Si comprendés lo que digo, pasa y chusmea. Todos los comentarios son bienvenidos :)
QUE ESTES BIEN :)

Anita Girón. dijo...

lindo escrito y seguire leyendo :D

Anitacullen dijo...

Hola!
Me enviaste una página en el tuenti, la vi a las 10 y ahora son las 12 menos 10 y ya me lo he leído todo!!
Es una historia muy interesante y tú escribes maravillosamente.
Aquí tienes otra seguidora.
byee

Luna Killer dijo...

Wuao°!!!!
Fantastico, me encanta como escribes :D
Tienes talento

Paula. L dijo...

Guau me encanta la histria, me encanta como escribes *___*
un besazo!

Paula. L dijo...

te sigo por cierto :)

Clary Claire dijo...

Me gusta mucho la historia, no he podido leerla entera por falta de tiempo, pero lo que llevo es genial. ¿Sabes? Yo también escribo, pásate por mi blog si quieres. http://palabrasformandohistorias.blogspot.com
Continúa, que está muy interesante!
Y te sigo!

Nerea dijo...

con este capitulo me reí mucho, entre el ñosh colectivo y lo de manolo vieira jajaja ya voy avanzando en la historia me encanta =D