2010/07/16

Tercer capítulo de "Los Derrotados": "Asfaltando charcos de barro" tercera parte

Continuamos caminando por la estrecha acera rosa y blanca. Intenté esquivar las grietas de las baldosas dando saltitos de una a otra. «Sí, ¿y qué?, me aburro muchísimo, ¿te molesta?». Una blanca, una rosa, una blanca, una rosa, una blanca. Pegué el salto más fuerte que había dado en todo el día y pisé la siguiente baldosa rosa, la baldosa suelta. «Mierda, nunca me acuerdo de esta, por qué puñetas el ayuntamiento no la arregla y deja de hacer fuentecitas falsas. ¡Qué solo necesita un poco de cemento, nada más!». No me reprimí al decirlo, total, si no me escuchaba nadie menos lo iba a hacer el alcalde.

María miró a todos lados como si hubiera oído alzarse una voz del inframundo. De repente un coche de un color sin identificar y un modelo no visto, recorrió la carretera a toda pastilla, aunque la velocidad máxima permitida era de cuarenta. Su pelo se revolvió en un torbellino castaño y sus oídos comenzaron a doler y a pegar pitidos.

Cinco segundos más tarde, justo cuando nos hallábamos en el paso de peatón, una bandada de coches sin frenos volaron delante de nosotros. « ¿Quieren parar de una maldita vez?». Tal fue la espera que la lluvia se despidió de nosotros con dos besos y un volveremos a vernos.

Cuando paso el coche número veintisiete, sacó el Ipod de la funda y observó que había oído tres veces la misma canción.  Puso el pause, tocó las teclas hasta volver a la lista de música y busco en la carpeta Joan Jett and The Blackhearts la canción Crimson & Clover. «“Carmesí y trébol”. ¿No es un nombre un poco extraño para una canción?».

La reina del ruido (“Queen of Noise”) nos echó una manita. Una parejita de abuelotes caídos del mismo cielo paró –y respetaron el límite de velocidad-. María para no causarles molestia a esos ángeles del cielo, pasó el peatón rapidito con un saludo y una sonrisa.

Seguimos caminando. Por curiosidad miré en mi reloj la hora que era. « ¿Cómo, las tres y media?».

- Caramba, las tres y media, ¿pero cuánto estuve esperando en el paso de peatones?

« ¡Ah, Que sólo has esperado tú!». Ni caso. Pero, de todas maneras su casa ya estaba cerca, podríamos sentarnos en una mesa a comer no sé el qué. La casa es de un naranja chillón que destaca entre todas las casas arremolinadas, pegadas y con pinta de duplex. Posee dos puertas la delantera, que da a la calle y la trasera, por la que quería entrar María para variar un poco.

Para entrar por detrás, había que bajar una escalerilla que había detrás de la calle general. De esa entrada de piedra salió un hombre corpulento (sebosamente hablando) y con unas maletas.

- ¿Roberto? – dijo María flipando en colores

- ¿Qué quieres niña? - con un humor de perros

- ¿Te vas?

- Pregúntale a tu madre

Roberto pasó a nuestro lado casi empujándonos por las escaleras. María no pudo, ni quiso evitar una cara de desagrado algo típica en ella.

No es que sea antipática, sino que hay cosas muy raras e ideas demasiado estúpidas por ahí. Te lo puedo asegurar. Continuamos nuestro camino. Llegamos. Abrió la puerta del jardín.


Pude verlo verde, lleno de azucenas, de calas, de rosas de varios colores, una vid (o "uvera" como decía María de pequeña) y un miniparque privado. El dulce aroma al Soanil, el suavizarte que usaba Sara para la ropa. Los camiones de Play Movil y el Spiderman de Jonathan esparcidos por el césped. María sentada en la cima del tobogán rojo y amarillo, con su vestidito blanco con dibujitos de fresas y un libro de aventuras entre sus pequeñas manos, mientras los alisios canarios jugueteaban con su melena castaña.


Estaba claro que todo esto era una fantasía mía. La realidad era algo más oscura. El césped estaba seco y con falta de cortar. Las flores marchitas, feas y tristes reclamaban un chorrito de agua o ser arrancadas de la tierra. El columpio y el tobogán muy oxidado con el color cobrizo en cada una de sus partes. Y ni rastro de una mamá alegre que traía unas golosinas y un zumito para merendar a sus criaturitas.

Pensaras que soy cursi, pero siempre se ha dicho que esta familia era la más perfecta de todas las familias del barrio. Todos los chicos del pueblo querían entra en la casa y jugar en el inmenso césped y rezaban porque Sara, la mamá de Jonathan y la niña esa que lee mucho, hiciera su preciadas golosinarías. Recuerdo el sabor exquisito de las tortitas de calabaza. Podía engullir todas las que me pusieran, en cambio María solo comía dos o tres porque Sara no le dejaba más. Ahora que lo pienso, era una estupidez, María crecía y crece en huesos, ¿Cómo?, la manera más rápida de engorda es comiendo golosinas, ¿no?

¡Ah, ahora me acuerdo! María cuando tenía unos problemas en el estómago, recuerdo que tomaba medicinas y muy a menudo vomitaba cuando comíamos pizza a escondidas. También recuerdo la alegría que surgió en la casa cuando la doctora dijo que ya estaba curada y que podía comer todo lo que quisiera, pero adaptándose al estomago minúsculo que tenía.

Ese día se improvisó una fiesta de bienvenida. Recuerdo que las mamás de pueblo -casi todas madres de compañeros de clase de ella y de Jonathan-, algunas vecinas y familiares, compraron rápidamente un libros para la niña, pero antes llamando a su padre para confirmar que no lo tenían.

La primera en llegar a la fiesta fue una prima segunda que accedió a atender las llamadas, si le dejaba pagar la mitad de la tarta. Su padre que se vio apurado por el tiempo aceptó. Nada más salir de casa llamó a Sara pidiéndole más tiempo. Sara contestó un vale y llevó a la librería a María. Casi la mitad del pueblo estaban metidos ahí dentro comprando libros diversos, algún despistado cogió un libro de colorear y le preguntó a María si cree que a una niña de su edad y con afición al los libros de gustaría este. Ella contestó con una voz de pitufo que es posible si a esa persona le gusta colorear, pero que si le gusta leer sería mejor un libro como Pesadillas, y lo señaló. Él preguntó; “este te lo has leído”, ella no. El despistado valoró el valor, la calidad y la cantidad de los dos libros, ¡vamos que salía ganando!

Al llegar a la fiesta mucho coincidían en que las flores eran una maravilla, el columpio era muy original y que la tarta estaba tardando. Su padre le había comprado una tarta con forma de libro y con unas palabras escritas "Nos alegramos de que te hayas puesto buena".

Cuando el padre regresó, colocó la tarta en una mesa que habían improvisado las viejillas del pueblo, mando a esconderse a todo el mundo y llamó a Jonathan y a mí a ponernos a vigilar si venían. María bajó la escalera sosteniendo un libro de fábulas y chillando "estoy curada, estoy curada".
Al abrir la puerta la gente salió entregándole los regalos, casualmente ninguno lo tenía ni era repetido. Algunos acertaron regalándole libros de Bibi la pequeña la Buja, el pequeño vampiro y Pesadilla. Otros no tanto.

Después de recibir los regalos y ser abrasada, besuqueada y en algunos casos aplastada. Jonathan acaparó toda la atención del los invitados mostrando sus buenísimas notas, mejores que las de María porque él estaba un curso más y él también tenía que ir a jugar al futbol y eso era más difícil que el piano, la guitarra y gimnasia rítmica en donde estaba ella.

En el tercer trimestre, ella se apunto a futbol femenino y mantuvo sus otras actividades, lúdicas y no lúdicas. Al año siguiente asedió a segundo -curso donde estaba él- y sacó los sobresalientes a los que nos tenía acostumbrado. A pesar de las inmensas ganas de decirlo en el cumpleaños de Jonathan y así vengarse, reprimió ese impulso hasta la primera competición de gimnasia rítmica.

Bajamos juntos de esos recuerdos bastante lejanos y volvimos a la realidad. Traspasó en jardín preguntándose por qué ese repentino capricho por ir por la puerta de atrás, en vez de la puerta exterior que da a la calle -por la que había salido por la mañana-.

El césped crujía debajo de sus Demonia Revel. Pude ver una especie de cabaña grande detrás de la casa. « ¿Qué es eso, una casita de muñecas?». Sacó una sonrisa disimulada. Lo mismo preguntó Jonathan cuando la construyeron.

La puerta de la casa era de cristal y con atrapa mosquitos, como la películas americanas. Al abrirla sonó como un chirrido de dilatada por el calor.

- ¡Mamá!


Un gimoteó vago acompasó los pasos y las dudas María. ¿Qué ocurría? ¿Sería por Roberto? La verdad es que la relación nunca fue estable,  no llevarían más de un año y medio viviendo juntos. La negativa de María a aceptar a ese cerdo machista en casa, hizo a Sara sentirse mal. En cambio Jonathan estaba acogiendo las ideas sexistas de ese bicho. Sara sabía que María se daba cuenta de cosas que afectaba a los secretos de la familia. Posiblemente solo lo supiera ella. Quizás Jonathan lo acabó descubriendo. Quizás, quizás, quizás.

Entró en el salón. En la tele estaba puesto el primer capítulo de Moolight, en el cual la periodista -no me acuerdo del nombre- abrazaba a Mick St. John, mientras éste pensaba "60 años es mucho tiempo para privarte del cariño de otro. Pero se hace, porque la idea de verse como un monstruo en los ojos de otra persona, es insoportable". Cogió el mando, sacó el DVD y la apagó para hacer tiempo. Para evitar enfrentarse a la realidad, la realidad de Sara. Continuó hacía su habitación y dejó la maleta y la carpeta es la silla de su escritorio.

Siguió por el pasillo, el baño enfrente de su dormitorio, la habitación de Jonathan a la derecha de la suya, y enfrente la de su madre:

- ¡Mamá!

- ¡Vete, por favor!

- ¿Qué pasa?

- Tenías razón

No necesitaron dirigir otra palabra sobre el tema, todo había quedado claro. Sara por fin, había pillado a Roberto revisando los documentos de su exmarido, se levantó y abrió su armario, sacó la maleta y comenzó a prepararla.

- ¿Y qué hago ahora? Me quedaré sola en casa

-Tampoco es que estuvieras más segura con él

- Ya

- Sólo será una semana más- Lo dijo con la máxima tranquilidad que pudo fingir.

- Sabes que no es cierto

Normalmente esa frase la consolaba pero era mentira. Así llevaban casi un año.

-¿Mamá?

- Dime

- ¿Por qué nunca he vuelto a ver a mi hermano?, ¿dónde está?, ¿por qué se fue?, ¿cuándo volverá?

- No lo sé.- dijo Sara perdiendo la voz- María, cariño, sé que esto es muy duro para ti, pero no podremos recuperarle sin tu ayuda. Necesito que te quedes que cuides la casa, que vigiles los documentos de tu padre. No pueden saber lo de sus cualidades y menos gente que no conoces.

- ¿Creer que quieren los documentos?

- Estoy mediando con la Inteligencia Militar, creen que no hay nadie aquí.

- Mamá, - María suavizó la voz - me duele la barriga.

- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Has comido algo que te sentó mal? ¿Estás mareada?

- Ya soy una mujer, mamá

- ¡Oh, vaya! Tranquila, mi cielito, con un poco de Dalcy y la comida calentita se te quita, ¿sí?

María asintió con la cabeza, sabía que Sara se estaba poniendo incomoda hablando de tema, así que se excusó con eso. Sara miró el reloj.

-¡Oh, Dios mío! ¡Llego tarde!- le dio un beso en la frente- Llámame si te pasa algo, ¿vale?

María se despidió con la mano. Oyó como la puerta principal se cerraba a su lado.

Entramos en la cocina y vinos un caldero de arroz y otro con lasaña. « ¡Umm, qué olores!». María puso los dos calderos en la mesa y cogió dos platos y los puso uno en frente del otro. Posteriormente se acercó a uno de los cuadros que tenía en la mesa del salón, en el cual salía Jonathan asiendo una de sus múltiples carantoñas.

María respiró hondo y puso la foto detrás del plato vacío. Se sirvió dos cucharones de arroz  y un trozo de lasaña.

-Si pretendes que te sirva vas bonito.

Se quedo un largo rato mirando la foto mientras masticaba la lasaña como si fuera chiche. « Cinco minutos, diez minutos, quince minutos, veinte minutos, ¡termina ya!». El silencio era absoluto. Ni Neechee maullaba. 

«¿Neechee?¿Dónde está?».

-¡Es verdad!, ¿dónde estás Neechee, ven bonito?

Se levantó y lavó el plato que había usado. Guardó los calderos y limpió la mesa.


-¡Neech, Neech, Neechee!- posteriormente hizo el sonido tan raro que hace a los gatos quedarse mirando.

5 comentarios:

Ángela Vecilla dijo...

¡Hola!
Qué bonito la verdad(:
Ya tienes una seguidora más y, seria genial que pusieras tu granito de arena en mi pequeño blog!
Un beso y gracias!

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
DÉSIRÉE RODRÍGUEZ

ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DEL FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...

Betsaida?¿ dijo...

cada dia me gusta más y hay mas misterios nuevos por resolver!! en cuanto al narrador hay veces que parece que no existe sino que es la conciencia de ella o su mente, no se me da esa sensacion y por otra parte pienso que maria tiene una vida muy complicada al igual que su familia, su historia guarda muchos secretos y por eso se comporta de ese modo pero por lo demas genial!!

Mont. J dijo...

¡Esas faltas!
¿Asedió?
¿Escuso?
¬¬ Oye oye, tú quieres que me dé un paro cardíaco aquí mismo?? eh eh e.e

Estoy de acuerdo con Betsaida, hay un buen uso del cambio tanto de tiempo verbal como de narrador lo que le da mayor fluidez y rotación a la trama por el cambio de punto de vista.

En los diálogos intenta poner más expresiones, lo de los guiones para darle más fuerza a las palabras de los personajes.

Repito: ¡esas faltas! ¬¬

Abusas mucho de los puntos en frases donde quedaría mejor pausas momentáneas (comas) y en otros sitios abusas de las comas donde debería haber puntos o signos interrogativos/exclamativos cerrando la frase. ¡Vigila eso xD!

En cuanto a los dos nuevos personajes (Sara y Roberto9 tal vez deberías dar más detalles y ano físicos, que también, sino probablemente más de cómo los aprecia el narrador "misterioso" y la chica en sí.

Ya ves que pelos en la lengua no tengo jejeje pero te lo digo para que mejores, ya lo sabes ^^ (¬¬ espero tus comentarios en mis historias ehhhhh e.e)

Voy a por el siguiente.

=)

Nerea dijo...

Lo de las tortitas de calabaza, y que María no engorde comiendo muchas golosinas que hace su madre.. me suena de algo xD

A mi desde el principio me ha dado la sensación de que el narrador está muerto y ella tiene un don que está empezando a salir ( el de oír a los muertos y todo eso )