2011/03/08

Cuarto capítulo de "Los Derrotados": "Odio tus ojos de corderito degollado" segunda parte

Héctor comenzó a girar la ruedita de la emisora mientras conducía. Solo se oían chirridos y locutores de radios locales debatiendo el bombazo que dio la concejalía de educación, a hoy, veinticuatro de junio de dos mil diez siguen con el tema. Él continuó girando la emisora hasta oír: buenas tardes estamos en cadena cien y ahora pincharemos a Iván Ferreiro con su single Fahrenheit 451. Movió un milímetro la emisora y María le paró, “Déjala, es una buena canción”

Cerré un poco los ojos y dejé que Iván insultase a bastante gente con palabras mal sonantes, aún así es la canción con la que mejor me puedo identificar. “Cerdos, ignorantes sois unos hijos de puta”, me hubiera encantado habérselo dicho a más de uno de esa manera tan suave.

Con la prisa María no le había preguntado a dónde la llevaba. Miró a Héctor que mantenía un silencio muy nervioso, le dio la impresión de que se iba tirar por la puerta en cualquier momento. Ella dirigió otra vez su mirada a la ventana. Las casas, las gentes y la vegetación bailaban el incoherente ritmo melodioso y dulce de la canción más dura que he oído en mi vida. Traspasamos todo Bañaderos y Arucas dirección Telde. No era necesario preguntar, nos dirigíamos a Las Terrazas (el centro comercial inconcluso).

El locutor pinchó Love Hurts de Joan Jett la cantante favorita de Magda, la amiga de María, la famosa escritora del instituto (aunque sigue sin publicar y sin llegar a más del capítulo dos de sus historias, ¿algún día se centrará en una?).

Ahora que tenía tiempo me dediqué a recordar algo de mi pasado. Miré al cielo aclamándole memoria, estaba nublado, muy nublado. Bolsas de agua se acumulaban encima de nosotros como si fuera invierno, pero seguía haciendo calor. Nuestro clima es así de especial.

De repente una luminosa luz me asó los ojos. Vi a una niña pequeña vestida con un traje rosa pastel y correteando por un prado, María. Cansada se sentó en el césped, oí una voz chillona de un chico de unos doce años sujetando un libro de poemas de Neruda. Lo abrió y comenzó a recitar una poesía en tono de burla: “¡Ah, los vasos del pecho!, ¡Ah, las rosas del pubis!”. El chico paró de recitar y la riñó: “eres una niña, no puedes leer estas cosas, me encantaría saber qué pensará papá de esto”.


No había duda, el chico de unos doce años era Jonathan. En esa época su pelo castaño claro se peinaba de forma despeinada, como si hubiera tocado un enchufe. Ella en cambio, mantenía su típica melena castaña y lisa. Jonathan vestía unos pantalones de chándal blanco con dos rayas azules a los lados siete tallas más grandes y una blusa nadadora blanca bastante estrecha y manchada de sudor, por supuesto sus calzoncillos de Calvin Clain totalmente visibles. De su cuello colgaba lo que sería un aparato de última generación en 2003, un mp3 que acabó confiscado por las malas notas. 


Jonathan se dirigió a un árbol cercano, le seguí, me fijé que María también nos seguía con disimulo. El padre de los dos estaba sentado a la sombra del árbol pegado a un ordenador pequeño, demasiado moderno para ser real y enganchado a millones de antenas. Jonathan tocó el brazo de su padre y este se giró algo nervioso.

- ¿Qué quieres?

- María está leyendo porno- y le enseñó el libro

- Me da igual tengo cosas más importantes que hacer que mirar lo que lee esa niña

- Pero ¿Pápa?

- No es porno, es poesía. Dile que está castigada, este libro es mío, no quiero que toque mis cosas, no sé por qué no lo hice antes.

-¿Hacer el qué?

- Nada- contestó con antipatía - ¿terminaste los deberes?

- No


- ¿Y a qué esperas?

Jonathan dejó el libro en los pies de su padre y se metió en la caseta de campaña que compartía con su hermana. María sigilosamente se acercó y miró a su hermano.

- Dice que no cojas sus cosas y que te odia.

- Ya lo sé, eso no hacía falta que me lo dijeras

- ¡Ojalá te largues pronto!

¡Casi se me salen los ojos de las órbitas! Observé de reojo a su padre, puso una especie de cara triste durante un segundo.


Abrí los ojos, esta pequeña ensoñación me ha revuelto las tripas, ¿Cómo podría Jonathan tratar así a su propia hermana? ¿Tan mala no era? ¿no?


Por lo que sé, Jonathan siempre ha sido un chico medianamente popular y María una chica poco querida por sus compañeros. Es obvio que en algún momento de su vida ese trato había pasado de riñas de niños a algo más. Se me hiela la sangre de solo pensarlo, toda una vida de sufrimiento y una familia que ni te aceptaba ni se daba cuenta de tus problemas.


La situación no mejoró con el tiempo, todo lo contrario. Cuando su padre cogió carretera y manta a la primera que se culpó fue a ella. Su padre no tuvo, ni ha tenido el valor de dar la cara y decir por qué se fue, ni siquiera ha dado señales de vida en cinco años.

Esto a Jonathan le hizo sentir algo de afecto por su hermana, pero él estaba en plena adolescencia, etapa en la que las chicas guapas y el estatus importan más que la propia familia y la propia razón. Él era muy sentimentalista creía en el amor, en la vida, en la fe. María era todo lo contrario, y no me extraña.
Empecé a ver carteles que anunciaban el centro comercial, estábamos cerca, podría estirar las piernas y liberarme de estos malditos baldes de pintura. Entramos en el aparcamiento, zona amarilla número 7 e intenté salir de la furgoneta. Saqué una pierna, saqué la otra, cogí impulso con las manos y… apoyé los pies en el suelo, seguidamente perdí el equilibrio y me di de bruces contra el coche de al lado que empezó a pitar como loco. Por instinto salí corriendo y les alcance.

Subimos a las escaleras mecánicas. Mientras subíamos, hubo un silencio sepulcral que fue interrumpido por una canción de Armonía Son puesta como polítono del móvil de un treintañero.

Dejándose de preámbulos y de estúpidas frases fueron directos al cine. Yo solo les seguí por intuición, como el rebaño, cuando me di cuenta María estaba entrando en el cine.

Las puertas se abrieron y una luz azulada estilo discoteca la encandiló. Fue a la derecha y pidió la entrada a la película El retrato de Dorian Gray. La impresora de las entradas se atascó y la chica tuvo que abrirla. Siguientemente el rollo de las entradas se calló por debajo de la mesa. La muchacha se agachó y metió el rollo por una rendija de la mesa para ponerlo en la impresora, María lo sujetó para ayudarla. Cuando la chica volvió para meterlo en la impresora, el rollo volvió a caerse, y tuvo, otra vez, que subirla por la rendija. Por si acaso, María siguió sujetando el papel. Después de pagar se quedó en medio de la entrada del cine mirando la cartelera.

De repente Héctor apareció de la nada con una coca-cola y roscas, palomitas o cotufas, como quieras llamarlas. Tomó un sorbo del refresco, mientras ella se daba lentamente la vuelta para mirarle.

- Me han contado que sueles ver muchas pelis y que todas las que están basadas en libros las has leído. – dijo disimuladamente Héctor

- Pues no la verdad, depende le la peli y el libro. El Diario de Noa no me lo he leído y tampoco he visto la peli.

- Yo tampoco

- Pensaba que no leías

- Y no lo hago – María soltó una leve risilla y notó un cosquilleo en el piercing

Se acercaron al segurita y fueron a la sala uno, la sala más grande del cine. Yo salté la cuerda disimuladamente, aunque no se para que, si no me ven.


5 comentarios:

Fátima dijo...

Y luego tardas fleje en subir un capítulo!!! :3

Sigue así, que estoy ya esperando por el 5!!!

Betsi dijo...

Me encantaa creo que es el capítulo en el que me siento más identificada (más bien tú que yo), y ya tu sabes por qué. Me reí mucho recordando aquellos tiempos jeje
Sigue así, y como dice Fátima rapiditoo que ya estamos esperando jiji

-Big.Small.Big.Small- dijo...

Me ha encantado este texto, ha estado muy buien descrito y por cierto quiero una radio que coja tan buena música!

Kate dijo...

En el primer párrafo repites el nombre de Héctor demasiadas veces, deberías referirte alguna como "él", el lector lo agradecería porque suena más natural.
Voy pillando el tema ese de las visiones, y me he reído con lo de la porno-poesía xD

Jacques Oldenburg dijo...

Pues me tienes super enganchado que te voy a decir... Sigue escribiendo y sigue así porque es un auténtico placer seguirte.

Besitos popfilácticos