2014/09/08

Quinto capítulo de "Los Derrotados": "Voy a alistarme en capullos sin fronteras" segunda parte


A lo alto de la cuesta que daba hacia la entrada al instituto, donde el sol más calienta y donde la luz más desarma, ahí, en ese enigmático lugar, comenzaría el día más caluroso del año. María bajó la rampa con paso firme intentando concentrarse en su música, saludó con la mano a un par de amigos y entró en clase. Sociales e inglés pasaron de forma incómoda, sentía que la miraban en demasía y que cuchicheaban más de la cuenta. Tampoco le prestó mucha importancia, supuso que les extraño la colorida falda que llevaba o el hecho de que llevase botas en verano. Por alguna razón, la profesora de inglés decidió que con solo un cuarto de hora de clase sería suficiente.


María decidió ir a la cafetería porque se sentía increíblemente hambrienta y acabo saciándose con un bocadillo de jamón y queso que le supo a gloria. Mientras comía sentada en una de las mesas de plástico, vio como las chicas que el día anterior habían intentado entrar en su casa, iban a comprarse algo de bollería industrial, detrás de ellas estaba Clara intentando unirse al grupo. Giró la cabeza y vio a María, corrió hacía ella y se sentó en la silla en frente. María no la saludó, ni pronunció palabra, tan solo se limitó a seguir masticando su bocadillo con la mirada fija en ella, esperaba una explicación de lo que había pasado ayer, o por lo menos que se fuera sin tener que gastar energías en hablar.


- Hola, contigo quería yo hablar…- María continuó inmutable y esto incomodó aún más a Clara- Quería decirte que me pareció muy fuerte que no nos dejases entrar, ¿y desde cuando tienes armas? - Clara comenzó a subir la voz y María tomó un sorbo de la botella de agua- Además, ¿de qué vas tía? ¿Qué pasa que no quieres tener amigos o qué? Solo éramos un par de chicas que íbamos a visitarte, llevamos comida y todo, y tu madre te deja así que no me vengas con mentiras. Encima mis amigas no me creyeron y creen que soy rara por ser amiga tuya… y… y ya no sé qué hacer – comenzó a llorar


María tragó lo que tenía en la boca y habló con una voz llena de furia: - No somos amigas, así que déjate de visitas y mierdas, sabes perfectamente que lo único que quieres es caerle bien a todo el mundo porque eres una niñata insegura que prefiere arrimarse a cualquier persona con tal de tener muchos amigos. Te digo una cosa, no, no quiero tener amigos que solo me quieran por mis cosas y por los que tenga que cambiar para contentarles. Y no me vengas con mentiras tú, ¿Qué me ibas a hacer una visita o qué te ibas a montar una fiesta a mi costa? Lárgate de mi vista, no se te ocurra volver nunca más a acercarte a mí, ni a mi familia; ya te he aguantado lo suficiente por pena.

 - Dime una última cosa y te dejaré en paz- dijo entre lágrimas- ¿Quedaste con Héctor?

María se sintió incómoda, no sabía cómo lo había sabido pero no se comió mucho la cabeza. Seguramente la había visto en el coche.

- Sí – Dijo secamente mientras se levantaba y alcanzaba el plástico del bocadillo al dueño-

Como María suponía, Clara la siguió inflándola a preguntas de todo tipo, desde qué hicieron hasta si se habían besado. María acabó irritada pero le hizo el vacio hasta que a lo lejos vio a Magda. Esta corrió hacía ella algo tensa. Clara acabó yéndose.

- ¿Saliste con Héctor?


- Sí- dijo María sorprendida- ¿cómo lo sabes?


- Porque el mismo lo está cotorreando, dice que eres una calientapollas, que has ido detrás de él y que cuando ibais a follar pasaste de él y te fuiste. No sé si es cierto, pero es de capullo igualmente.

- No es cierto, quedé con él para ir al cine y luego me besó y le rechacé. Debería haberle dicho que quería volver a casa pronto o algo. - dijo mientras apoyaba la cara en la pared mirando a Magda.

 - ¿Te dijo de ir a su casa o algo de eso?

 - Me dijo vamos a otro sitio y no me dijo dónde hasta que llegamos, un apartamento de una amigo suyo, yo pensé que iríamos a una cafetería o no sé, fui un poco inocente. Me imagino que le habré confundido.

 - ¡Ni de coña! No eres bruja para saber a dónde te lleva y aunque lo supieses no significa que te lo vayas a tirar y sigue siendo un capullo porque aunque se confundiera, no tiene que canturrearlo. Y menos con mentiras porque un beso es un beso, lo que dijo él son palabras mayores. Ni se te ocurra comerte la cabeza, no es culpa tuya, es él que es gilipollas. – María se mantuvo pensativa, había tenido un momento de debilidad en el que se había echado las culpas de todo, una mala costumbre suya-

- ¿Qué crees que debería hacer?

- Pues o plantarle una buena bronca en privado o devolvérsela con algún rumor o algo de eso De repente apareció Pablo que había oído algo de la conversación


- No te rebajes a eso. Si acaso le plantas la mosca en privado o haces oídos sordos, seguro que se les pasa con cualquier cotilleo nuevo. Además, hiciste bien, porque cuenta que pasaste de él, pero si no lo hubieras hecho contaría que te lo hizo, y a saber que le da por contar.


- ¿Sabes que tiene una imaginación increíble, verdad?- dijo Magda

- Me lo imaginaba, sonaba mucho a trola. Sinceramente, creo que es el despecho quien habla por él, así que todo insulto o mentira que suelte tómatelo como una confirmación de ello. – dijo acariciando el hombro de María – Yo que tú buscaba la manera de estar distraída, porque cotillearán y harán mucha bulla, así que quédate conmigo y Magda y procura aislarte, por lo menos mentalmente para no acabar partiéndole ningún hueso a ese capullo.

- ¿Cómo puedes ser su amigo?- dijo María

- Nadie es perfecto, supongo, además es un niño grande, me imagino que madurará. Pero creo que ha sido su reacción a un rechazo, estaba detrás de ti desde hacía mucho tiempo, pero es demasiado “guay” para tomárselo con calma. Como sea, ya no me gusta su compañía por estas cosas, así que me limitaré a saludos cordiales. En ese instante pasó el que había causado todo este alboroto. Héctor caminaba con paso firme, escoltado de sus colegas de toda la vida. Se acercó a Pablo y le saludó, luego fijó su mirada en María de reojo y luego comenzó el paso pasa irse.

- Buenos días – Dijo María incorporándose- ¿Qué tal?

 - Ehh… - Héctor se giró algo nervioso- Bien, bien

- Me imagino, mentir siempre es agradable para el mentiroso; hasta que le pillan. Héctor hizo una mirada de despreció a María y siguió su camino, pero ahí estaba yo para hacer la zancadilla. El tío ese no se saldría con la suya alegremente, calló de boca dejando que sus preciosas paletas chocasen contra la baldosa del piso. Se levantó oyendo las risas de sus compañeros y con un sabor a sangre en la boca.

 «Tú te lo buscaste, por capullo» le dije mientras le propinaba una patada en el estómago.

- Karma – dijo Magda con signo de aprobación. – Vamos a la clase que ahora mismo será francés y luego seremos libre.




1 comentario:

Nerea dijo...

No deja de sorprender está "pequeña" historia. El único inconveniente es el tiempo que pasa entre un capítulo y la llegada de otro.

Continúa con ella, besos.